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Estados Unidos
Cada semana se suicidan 120 veteranos

Por: Penny Coleman

A comienzos de año y utilizando influencias que solo los grandes medios de comunicación poseen, la cadena CBS News contactó a los gobiernos de los 50 Estados requiriéndoles los números oficiales de las muertes por suicidios por los últimos 12 años. De los 50 respondieron 45.

De la gran cantidad de información obtenida, seleccionaron los suicidios de aquellos estadounidenses que se enlistaron en las fuerzas armadas. Se descubrió que solo en el 2005 - y recuerden que fue en solo 45 Estados - hubo por lo menos 6.256 suicidios, de veteranos de guerra. 120 cada semana por un año; un promedio de 17 cada día.

Como viuda de un veterano de la guerra de Vietnam que se suicidó a su regreso y como autor de un libro para el cual entrevisté a docenas de mujeres que también perdieron a sus esposos (o hijos, o padres) víctimas de suicidios a consecuencia de la guerra, estoy profundamente agradecida con CBS News por llevar adelante esta investigación que hacia ya tiempo se necesitaba.

Tengo el corazón partido al enterarme de este, tan alto número y tentativamente optimista que quizás ahora, debido a estas serias estadísticas que revelan la magnitud del problema, este será finalmente tomado en serio. Digo tentativamente porque este es un gobierno que, como hostias de comunión, deshace en su lengua la realidad de las estadísticas.

A pesar estos continuos y alarmantes informes y desde que estas nuevas guerras comenzaron, el Ministerio de Defensa se las ha arreglado - escondiendo sistemáticamente estadísticas sobre el suicidio de soldados - para mantener fuera del radar del conocimiento público lo que claramente se ha convertido en una epidemia de la muerte.

Han realizado todo tipo de movidas, desde enterrar el suicidio en una lista oficial de caídos bajo una categoría que la llaman “muertes accidentales fuera de combate” hasta simplemente mentirle a los padres de los soldados muertos.

Y el Departamento de Veteranos de Guerra, DVG - agencia gubernamental - ha aprobado esta desinformación insistiendo que sus estudios indican que los soldados se suicidan no por sus experiencias en combate sino porque tienen “problemas personales.”

Sin embargo los soldados en servicio activo son solo parte de la historia. Una de las características de las heridas dejadas por la presión traumática posterior - post-traumatic stress, PTSD - es que los síntomas se retrasan, a veces por décadas. Veteranos de la Segunda Guerra Mundial, de Corea, de Vietnam, continúan quitándose la vida debido a que antiguos o nuevos síntomas PTSD han sido reactivados por hechos o imágenes de estas nuevas guerras.

Sus muertes, al igual que las de veteranos recientes, son publicadas en los periódicos de sus pueblos natales, son conmemorados localmente pero ignorados oficialmente.

El DVG no hace un seguimiento, no los cuenta, nunca lo ha hecho. Tanto este, como el Pentágono niegan que el problema exista y sagradamente apunta a una falta de evidencias que ellos mismo se han negado a recoger.

Han elaborado este truco por décadas, en gran medida porque el suicidio incomoda a la gente. Siempre se le ha llamado “aquella muerte secreta” porque nadie quiere hablar al respecto. Con el transcurso del tiempo, en diferentes partes del mundo, las actitudes han fluctuado entre la creencia de que tal acto es un pecado, un derecho, un crimen, un gesto romántico, un acto de valor consumado o un síntoma de enfermedad mental. Nunca ha sido un tema emocional neutral.

En los EEUU la racionalidad de nuestro sistema judicial ha reconocido por más de 300 años de que el acto es casi siempre un síntoma de enfermedad mental. A través de esos mismos 300 años la religión organizada ha mantenido obstinadamente que es un pecado. Uno de los peores pecados. Aquel que nunca es perdonado porque es demasiado tarde para decir que lo sientes.

La contradicción entre la doctrina religiosa y la ley secular ha dejado al suicidio en una especie de espacio inferior en el cual los fundamentos de nuestros sistemas de justicia y creencias son alterados. Un terrible crimen ha sido cometido, un asesinato, y no puede haber restitución ni castigo. Como un pecado o una enfermedad mental, los regiones del suicidio se encuentran en la mente, elusivos, invisibles, asociados con lo misterioso, lo secreto e indisciplinado, una especie de alerta omnipresente. Cuidado con lo anormal, cuidado con el Otro.

A través de los años el gobierno nos ha estado bombardeando con una postura moralista sobre los ataques suicidas - las bombas humanas - aquellos sub-humanos que llevan acabo lo inconcebible usando sus propios cuerpos como armas mortales. “Aquellos no son como nosotros, no valorizan la vida como nosotros,” dice entre líneas la conocida xenofobia. Y a veces el texto ni siquiera está entre líneas: “muchos terroristas que matan hombres, mujeres y niños inocentes en las calles de Bagdad, son fieles de la misma ideología asesina que acabó con la vida de nuestros ciudadanos en Nueva York, Washington y Pensilvana,” dijo Bush livianamente mezclando el once de septiembre, la invasión a Irak, Islam, el fanatismo fundamentalista y las bombas humanas.

Bush también a expresado que las bombas humanas suicidas son motivadas por la desesperación, el abandono y la pobreza. Pero las estadísticas demográficas demuestran que no es así necesariamente. La mayoría de los terroristas en los ataques del once de septiembre vinieron de la cómoda clase media y alta y tenían buena educación. Irónicamente, la desesperación, el abandono y la pobreza puede que sean factores más importantes en la muerte por suicidio de soldados estadounidenses y veteranos.

Debemos de tomar en cuenta el 25% de los enlistados y el 50% de los reservistas que regresan de la guerra con serios problemas mentales. La desesperación parece ser una respuesta apropiada al darse cuenta que los horribles recuerdos y pesadillas quizás nunca se vayan, que la reincorporación a la sociedad y la habilidad de mantener relaciones humanas, horarios de trabajo, de confrontarse a grupos de personas, nunca será de confiar. Como no desesperarse si el diagnóstico es “¡Aguante como pueda, soldado. Quizás esto nunca se resuelva!”

¿Abandono? El retraso en el Departamento de Veteranos de Guerra alcanza los 800 mil casos. Dejando a un lado las terribles condiciones en muchos hospitales de este Departamento, en el 2004 - cuando se revelaron las últimas estadísticas - casi 6 millones de veteranos y sus familias no tenían ningún tipo de aseguro médico. La mayoría son personas de la clase trabajadora, demasiado pobres para pagar seguro privado, pero no tan pobres para los prerrequisitos exigidos por la medicina destinada a los indigentes o a la del DVG. Los soldados y veteranos necesitan la ayuda ahora, y el tema recién se comienza a hablar.

¿Pobreza? Los síntomas de las heridas causadas por la presión traumática posterior o las heridas traumáticas cerebrales hacen casi imposible mantener un oficio o trabajo estable. El periódico The New York Times informó (Nov. 2007) que a pesar de que los veteranos son el 11% de la población, estos representan el 26% de los pobres e indigentes. Si eso no significa desesperación, abandono y pobreza entonces no estoy segura si esto vale la pena seguir discutiéndolo.

Existe una ironía horrible en la relación entre las bombas humanas y los suicidios de soldados y veteranos estadounidenses. Exceptuando algunos sádicos y sicópatas, los estadounidenses no se reclutan porque quieran matar a civiles y tampoco lo hacen esperando suicidarse. Es increíblemente triste que muchos de ellos terminen muertos por el remordimiento de haber realizado actos tan perturbadores a su sentido moral propio. Tan angustiosos, que ellos mismos se sentencian a la penal capital.

Existe una superioridad arrogante en la forma como hablamos sobre las bombas humanas suicidas y las culturas que las producen. Pero también existe una perturbadora realidad. En el 2005, 6.256 veteranos estadounidenses se quitaron la vida. El mismo año hubo *alrededor de 130 muertes documentadas de personas convertidas en bombas humanas en Irak. Saque la cuenta. La proporción es de 50 a 1. Entonces ¿quien es el que esta creando una cultura de suicidio y mártires? Si George Bush está en lo correcto, que en realidad es la desesperación, el abandono y la pobreza, lo que los lleva a realizar esos actos, entonces ¿no valdría la pena destacar que somos nosotros los que estamos realizando el mejor trabajo?

*Digo “alrededor” porque después de una explosión de ese tipo es difícil determinar cuantos cuerpos han explotado en pedazos.

Fecha publicación: 28/12/2007


 

 

 

 

 
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